Aún sigo sin explicarme como ha podido pasar tanto tiempo para darme cuenta de ciertas cosas que. en apariencia, debían ser algo ya sabido.
Son ya 18 años los que llevo viviendo en frente de vosotros, y nunca he llegado a darme cuenta de que los que vivían ahí eran mis tíos. Que rabia me da saber que os vais cuando empezaba a disfrutar del placer de la familia. Y es en estas ocasiones cuando el refranero español, cogido de la mano de los dichos populares, hace su mejor aterrizaje sobre tu cabeza, como una voz campanillesca que te dice disimuladamente al oído: ¡Te lo dije!; y aparece en tu mente una frase que dice algo como: no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Y así es señores, así es.
Sé que os vais de aquí en busca de algo mejor, en busca de algo que realmente os llene y os motive, y se que hemos tenido 18 años para conocernos, para charlar, para tomar un café, pero es ahora, cuando realmente empiezo a vislumbrar como sois, cuando os marcháis. No os lo voy a echar en cara, no es culpa vuestra. Pero una cosa si os diré, y es que quizás este suceso no es más que uno de esos batacazos que te da la vida para que aprendamos, para que valoremos lo que ésta nos da.
Ahora que os vais, salir a fumar a la terraza no tendrá ya esa chispa que tenía antes, cuando con cautela y con las gafas bien puestas, miraba fijamente hacia vuestra ventana sin parpadear ni un segundo con temor a que os asomarais y me vierais haciendo una cosa, que aunque ya sabéis que hago, para mí estaba mal hacer delante vuestra.
Os voy a echar de menos, sobre todo por una razón, y es que habéis sido los que me habéis separado, de una forma consciente y siempre discreta, de los pensamientos quizás tan anticuados o como quieran llamarlo, que mis padres intentaban que aceptara.
Gracias por ser esos tíos modernos que, con un poco más de experiencia, habéis sabido entender cada etapa de mi vida y habéis ido vaticinando todos los pasos que he dado hasta el momento.
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