martes, 2 de noviembre de 2010

FOTOGRAFÍA

Como otras tantas veces, se me pasa por la cabeza pensar el por qué de las cosas. Hoy se me antoja pensar el por qué de la fotografía. No se que pensaran los teóricos al respecto, pero yo tengo una opinión muy clara sobre este tema.

Hay quien pueda pensar que las fotos son simplemente recuerdos, momentos pasados que tal vez algún día queramos recordar. Yo no creo que sea solamente una forma de recordar el pasado, sino también una forma de atrapar el presente y de no dejarlo escapar. Una forma de recordarnos a nosotros mismos que no estamos solos, o quizás que una vez no lo estuvimos. Tenemos el miedo más antiguo de todos, quizás el miedo que más temor nos produce, más que la propia muerte. Es el temor a perder todo aquello que nos rodea, a perder cada parte del mundo exterior que forma nuestro propio mundo interior.

Hay quien captura fotos en paisajes que encuentra idílicos y hay quien se hace una foto tras otra con el que considera el amor de su vida. ¿Qué se esconde detrás de todas esas fotos? Del primer caso se me ocurre pensar que son cosas que sabemos que pocas veces tendremos la ocasión de volver a ver, o un simple deseo irrefrenable de capturar la esencia de cada lugar, todo lo que ello nos aporta. Del segundo caso me arriesgo a decir que se esconde detrás el miedo mas profundo del ser humano. El miedo, como ya comentaba antes, a perder a quien más queremos. Nos sentimos en la necesidad de inmortalizar y enmarcar cada momento a su lado para así superar de una forma quizás inconsciente el miedo a la pérdida.

Todos, por muy poco fotogénicos que seamos, inmortalizamos los momentos de nuestra vida en fotos. Y todos, absolutamente todos, tenemos ese miedo a perder a esas personas a las que fotografiamos. Al fin y al cabo, las imágenes valen más que mil palabras y cuando nuestra voz se apague las fotos serán las que cuenten quienes fueron aquellos a los que mas quisimos.