lunes, 11 de marzo de 2013

BECARIOS

Nunca pensé que una conversación a través de Facebook podría despertar en mí tanta indignación, sobre todo cuando yo no era partícipe de ella, por lo menos de manera directa. Esta conversación la mantenían un grupo de periodistas y profesionales de la comunicación que discutían sobre la insolencia de los becarios al realizar su trabajo llamando a los diferentes medios para que estos tuvieran en cuenta o no la información que les presentaban. Quedaron plasmadas en el hilo dos posiciones contrarias que, a su vez, no eran tan contrarias y en primera plana un debate: la auténtica labor del becario y el trabajo sucio que éste tiene que hacer.

Por lo que a mí respecta me posicioné claramente a favor de los becarios. Esta idea defendía que su trabajo, por desgracia, es el de hacer las llamadas rutinarias a los medios de comunicación para comprobar que la información que previamente les habían enviado había llegado a buen puerto, pero no por ello debían ser tratados como pesados de turno con contestaciones rudas y maleducadas. En contraposición se encontraba la visión del periodista consagrado que no tenía porqué atender las llamadas de los becarios que preguntaban "si he recibido su convocatoria de mierda que me interesa un cagao". 

De esta tertulia cibernética se desprendió además el tema sobre el papel que tienen los jefes a la hora de ordenar las tareas a los recién llegados a la empresa.

Mi reflexión tras leer los más de 15 comentarios que tenía esta conversación es que, evidentemente, las cosas no cambian en este país, y el becario ya no sirve cafés, pero poco se diferencia la posición de humillación de hace 20 años con la de ahora. Somos "niñatos" que salen de la facultad para hacer los trabajos que los ya experimentados se niegan a hacer y para colmo nos comemos su egocentrismo. Pero lo que más rabia me da es que la gente se olvida de que antes de ser todo un profesional ellos también salieron de la facultad y asomaron sus cabecitas a la vorágine laboral que hay fuera del recinto del campus. 

Sí, sabemos ya de antemano que nos tocará comernos todos los marrones, aprender a palos y escuchar voces y gritos día tras día hasta que demostremos lo que valemos, pero no por ello debemos ser menospreciados e infravalorados. Solo queremos aspirar a coger la suficiente experiencia como para poder ostentar los cargos de los que ahora hacéis gala y que, sin ofender,no son gran cosa.