sábado, 1 de diciembre de 2012

SOY FELIZ

Releer viejas historias que tú mismo escribiste es una buena manera de dar forma a ese pasado que a veces se olvida. Pero hoy no hay hueco para tristezas ni desesperanzas, todo lo contrario; hoy es el día en el que me decido a escribir desde el otro lado, desde ese sitio dónde siempre deseé estar y por fin estoy. Sí, creo que me he enamorado y esta vez es correspondido.

Nunca me cansé de escribir en negativo, de pensar que sólo había malvados en este cuento que nunca llegaba su fin. Pero, voilá, sin pensarlo, sin esperar nada, sólo con algo de paciencia y mucha suerte por fin he encontrado a alguien que me llena, que me hace feliz desde el primer segundo que veo su sonrisa hasta el momento en el que, con la misma energía en su cara, se despide de mí con un beso. Es increíble cómo la situación puede darse la vuelta cual tortilla y ver el otro lado de la moneda, el lado más bonito.

Ahora que ya lo tengo, no dejo de dar gracias cada  segundo al dios que más me convenga a cada rato por su sencilla existencia. Y mira que no es precisamente un camino de rosas lo que tenemos por delante, pero creo ser capaz de luchar cual guerrero y enfrentarme a cualquier obstáculo venidero, sea este de la talla que sea. No tengo miedo, sólo tengo alegría, energía para seguir aumentando cada día más y más este sentimiento que plasmo aquí con palabras.

Se acerca el final del año y sólo puedo decir que, por primera vez, no me hará falta entornar mucho los ojos para sacarle el lado positivo a este año. Si este año tuviera un nombre sin duda es el tuyo. Por fin soy feliz, y quería compartirlo. Se acabaron las lágrimas, en todo caso ahora son de felicidad.

martes, 3 de julio de 2012

¿QUÉ HA PASADO?

Parece que fue ayer cuando pensábamos que éramos únicos, que la gente nos envidiaba y que sólo nosotros sabíamos entender lo que teníamos. Nos creíamos especiales, sin el temor a que nada derribara los muros de una amistad bien cimentada, pero nos equivocábamos. A veces los muros no son destructibles desde fuera, pero sí desde dentro. ¿Qué nos ha pasado? ¿Qué ha cambiado para que fallemos a nuestras propias promesas, a nuestros mandamientos?

Quizás tenga la respuesta, pero no quiero elaborar una teoría del caos sobre algo que me ha costado tantos años conseguir y que no me gustaría perder jamás. Me da miedo siquiera pronunciar una simple sílaba para denominar esta situación en la que estamos. No me siento cómodo. Cada día que pasa las risas son disputas y las alegrías, problemas.

Ahora se antepone la pareja a los amigos, un polvo a una simple charla de familia, los días tienen cada vez menos horas para estar con los nuestros, magnificamos los problemas y somos incapaces de resolverlos, simplemente dejamos que pase hasta que reventamos. Nosotros no éramos así.

Nos hemos vuelto egoístas y sólo pensamos en nosotros mismos. Hemos decidido adoptar el rol de la pasividad a  afrontar los problemas a la cara. Pero debemos hacerlo desde el cariño, pero con firmeza porque las palabras que no se pronuncian no son dichas, y si no se dice algo es como si no existiera.

¿No os dais cuenta? ¿Acaso soy yo el único que ve que las cosas no van bien? Quizás esté loco por seguir creyendo que siete personas son más importantes que casi cualquier cosa en este mundo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

PROMESAS QUE NO VALEN NADA

Parece más el título de una decepción que de lo que realmente es, una decepción, pero no con los demás sino conmigo mismo. Siempre me juro que no volverá a pasar, que es sólo sexo, que la edad sí importa y que las barreras son obvias. Sarta de promesas que siempre me hago para evitar la decepción, para intentar no hacerme daño, pero es que no sé hacerlo.

Pensaba que había evolucionado, que por fin lo tenía todo dominado, el sexo sería sólo sexo y lo demás ya vendría después. Bueno, en principio es así, pero ¿qué hacer si lo que ves en la otra persona va más allá de unos genitales? Si te ríes, si te gustan sus ojos, su boca, sus arrugas a los laterales de la nariz, si te fijas en sus manos, etc. Pues pasa señores lo de siempre, que la otra persona es mucho más consciente que tú de la situación y sabe perfectamente que lo que iba a ser sólo un polvo, finalmente sólo ha sido un polvo, y nada más. Sí bueno, quizás hubo cierta complicidad, pero eso son gajes del oficio que, además, facilitan el consiguiente polvo.

Luego llega el momento en el que te pones "tontorrón" y decides mandarle un mensaje rollo "lo de anoche estuvo genial, me encantaría volver a quedar contigo" que traducido suena a algo parecido a "si te gustó lo de anoche, quizás podríamos ser novios, no?" y que en la mente de cualquier persona racional se traduce en "no vuelvo a ver jamás a este tío". Y luego viene el momento de la respuesta, que procediendo de una persona emocionalmente estable suele ser un mensaje de texto parecido a "yo también lo pasé bien, hablamos en otra ocasión. Un saludo.". Y es obvio que no volverás a verle jamás.

Llevaba tiempo sin pasar por esto, pero parece ser que hay personas capaces de cambiarte esa opinión tan sólida que tenías de ti mismo y que, siendo naturales, consiguen hacerte darle más vueltas de las necesarias y acabar soltándolo en un post. Sí, me ha vuelto a pasar, y me han vuelto fragmentar un poquito más el corazón. Lo único bueno que saco de todo esto: que ya estoy acostumbrado y en algún momento volveré a ser el de siempre.

martes, 3 de enero de 2012

REFLEXIÓN DEPORTIVA

Con el paso de los años, tenemos la extraña tendencia a olvidar de dónde provenimos, y ya no sólo eso, sino que también tendemos a no valorar lo que tuvimos. Yo pertenezco a una de las últimas generaciones que vivió el deporte de una forma que hoy los más pequeños desconocen. Me refiero a ese momento en el que tus padres te preguntaban sobre el deporte que querías practicar y, en caso de que no lo supieras, ellos mismos te asignaban uno. El deporte como una “obligación”, porque ellos sabían que era lo mejor para tu desarrollo, no sólo físico, sino también emocional; y con el que aprendimos a competir, a valorar el esfuerzo, a ser disciplinados y, sobre todo, a divertirnos.

Los niños ya no juegan como antes. El deporte es una actividad que ha pasado al segundo plano y prima el desarrollo de otras actividades, no menos importantes, pero que no están relacionadas con la actividad física. ¿Acaso antes no combinábamos las clases de inglés, con la asistencia a clase y con los diferentes deportes que practicábamos? Parece ser que antes sí se tenían las ganas suficientes como para aprender inglés a la vez que jugábamos a voley y asistíamos a las clases. El problema surge cuando los padres prefieren su comodidad a que sus hijos practiquen deporte y desarrollen sus capacidades motoras.

Todavía recuerdo lo que era jugar a voley en una pista de cemento, tener las rodillas llenas de sangre por tirarte a salvar un balón, jugar con lluvia, viento o un sol cegador; y todo esto con tan sólo ocho o nueve añitos. También recuerdo los partidos reñidos, los gritos de ánimo y los aplausos de los padres hacia sus hijos. Todo eso se ha perdido cuando encima ahora disponemos de mejores instalaciones y mayores recursos para la práctica del deporte.

Para colmo, la crisis económica ha relegado a un escalafón mucho más bajo este deporte, que si ya era minoritario, ahora con las altas cuotas que pagan los jugadores (porque no hay subvenciones de los ayuntamientos) reduce aún más el número de componentes en cada equipo. Las consecuencias: los equipos que estaban en las divisiones más altas del voley tienen que descender a categorías inferiores y menos costosas (aun teniendo equipos competentes para jugar en esas ligas superiores), disminución del número de jugadores lo que genera a su vez una disminución de equipos lo que lleva como consecuencia última a la extinción de los clubes. Después de todo esto, algunos nos preguntamos ¿qué nos queda? ¿Es el fin del voleibol?

Yo no creo que sea así, pero sí sé que hacen falta unas cuantas cosas:
-De primeras, gente que se comprometa con este deporte. Ya no vale la excusa de “que lo hagan otros”; cada vez somos menos los que queremos que esto siga adelante y los que intentamos buscar soluciones, por mucho que fracasemos con ellas. Sin gente que lo intente, este deporte seguramente morirá.
Fomentar el deporte de base: recordar a los padres que ellos una vez fueron niños y que ellos disfrutaron de una infancia sin consolas, ordenadores ni demás artilugios distractores y, en pocas ocasiones, formadores. Los niños tienen que correr, saltar, jugar y practicar deporte. Son niños y tienen mucha energía para hacerlo.
Todos sabemos que el dinero es la base de cualquier proyecto. Pero si queremos que esto siga adelante tendremos que proponer otras soluciones como entrenar gratis, o colaborar en la búsqueda de patrocinadores o cualquier tipo de financiación ajena a la Administración Pública, organizar eventos y fiestas para recaudar fondos, etc.

No es imposible, sólo hay que apretarse el cinturón, soportar las fuertes rachas de viento y hacer todo lo que esté en nuestras manos para que este barco no se hunda. En definitiva, sólo hacen falta ganas.