lunes, 25 de enero de 2010

COMO EXPRESAR LO QUE REALMENTE SE QUIERE

Encontrar las palabras adecuadas para decir lo que se piensa o lo que se siente no siempre es fácil. Comparto con Martín Algarra cuando habla de los principios que sustentan las relaciones apresentativas, que las cosas se pueden decir de muchas formas (irrelevancia relativa del vehículo), pero que siempre hay una más correcta, más acertada, más concreta, más precisa (variabilidad limitada del significado).

Expresarse no es nada fácil y es algo que los periodistas, o los que estamos en ello nos encontramos con relativa facilidad. Escoger la palabra justa que contega todas aquellas connotaciones que den el sentido adecuado al texto es algo realmente dificultoso, y más cuando nuestro conocimiento es limitado y nuestro vocabulario escaso.

Hablar sobre algunos temas nos será más sencillo que hablar de otros, es de esperar, pero mantener una línea firme y sin altibajos en todos los temas que tratemos no es nada fácil. Por ello, el arma básica de un periodista es un extenso repertorio de acepciones con sus correspondientes significados, y su tarea la de colocar todas las piezas para que encajen y den sentido al texto, dotándole de coherencia y cohesión.

Nadie dijo que expresarse fuera fácil, y más cuando tu futuro depende de ello.

sábado, 16 de enero de 2010

LO MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA

Se supone que si alguien debe conocerte bien en esta vida, ese alguien suele denominarse familia. La familia es un concepto que tristemente empecé a valorar tarde. Siempre dicen que ellos son los primeros que estarán a tu lado cuando la vida te de una patada en el culo, y así es. Aunque descubrí después de mucho tiempo el significado de la unión familiar, sé que nunca es tarde para descubrir cosas y por eso nunca me arrepentiré de haber descifrado su significado.

Mi familia me suele producir un caos de sensaciones y sentimientos, unas veces más amargos, otras veces muy felices, pero eso no es algo repentino, es algo que viene de lejos, de muy lejos.
Recuerdo cuando mi tía Mari venía cada tarde, un día sí un día no, a buscarnos a la puerta del cole junto con mi madre. Las dos, gafas de sol, melena ondulada al viento y falda floral aguardaban pacientes a que saliéramos mi hermano y yo. Menuda alegría verla allí esperándonos con la merienda en la mano. Lo que más quería en ese momento era salir corriendo abrazarla y darla un beso. También recuerdo las tristes despedidas desde la ventana llorando, o lo que era peor, despertarse y ver que ya se había ido, sin despedirse.

Desde bien pequeñito, como bien he podido demostrar, los sentimientos hacia mi familia siempre han aflorado de una forma u otra, pero quizás de una manera inconsciente. Quizás por ello, ahora me dedico a escribir tal y como lo pienso, tal y como lo siento, para que si algún día lo leéis, sepáis que sois algo muy importante en mi vida, aunque estéis a kilómetros de distancia, aunque no tengamos la suficiente relación, pero siempre seréis lo más importante de mi vida.

lunes, 11 de enero de 2010

PERSIGUIENDO LA VERDAD

En un mundo donde jugar con la mentira es algo tan habitual como jugar con los muñecos, la gente tiene difícil eso de creer todo lo que se dice, y más cuando no hay pruebas que lo demuestren. La verdad, al igual que un diamante, es tan codiciada que hacemos casi cualquier cosa con tal de descubirla. ¿Es lícito hacer cualquier cosa con el afán de sacar a la luz la verdad? ¿Está moralmente bien pisar a los demás y humillarlos con tal de hacer conocer la verdad? Yo no tengo las respuestas. Yo solo sé, o al menos tengo la certeza (que como bien dice Martín Algarra, no son lo mismo) de que si realmente nos mostraramos al mundo tal y como somos, sin miedo al rechazo, nos libraríamos de esa lacra que es la presión social y podríamos ser totalmente fieles a la verdad sin tener que hacer de la vida de los demás nuestra propia vida.

Apropiándome de los pensamientos de una amiga, confío en que el respeto deje paso de una vez por todas a una atmósfera de cordialidad. No pido que todos pensemos igual, pero sí que seamos tolerantes, y aunque no nos guste, sepamos que el respeto empieza por respetar a los demás. Si conseguimos eso, algún día conseguiremos ser realmente tal y como somos, y podremos sacar a relucir siempre la verdad, porque con respeto, el miedo a ser diferente poco a poco desaparece.

Como estudiante de periodismo, creo en la verdad, aunque cada vez sea algo más difícil de encontrar. Y aunque la mentira obstaculice el camino, siempre habrá algo que nos lleve a conocer la realidad tal y como es, sin ningún adorno estúpido que la distorsione.