Es ya más que sabido que la forma de cortejar es todo un arte remplazado, que no mejorado, de una generación a otra. Por poner un simple ejemplo recordemos que en antaño, allá por el medievo, los galantes trovadores blandían a caballo sus espadas para luchar por el honor de sus damiselas que, como recompensa, premiaban el valiente acto de sus hombres con un beso casto y puro (sin lengua). De lo que venia después todos tenemos una ligera idea. Hoy en día las batallas se traducen en reyertas urbanas en las que el más macho se lleva un buen “polvo” de la choni. Y es así como el arte del cortejo se ha ido viniendo abajo con los años.
También es de sobra conocido eso de que a las mujeres siempre les atraen los mas “malos” o, en una jerga un tanto juvenil y callejera, los mas “chungos”. He de decir que nunca he comprendido, y creo que seguiré sin comprender, como un simple chico que aprieta los dientes contra su lengua y emite sonidos parecidos a los de un burro en celo mientras alza el puño en señal de camorra, puede llegar a ser el amor platónico de todas las niñas. Al menos matizaré que, con la edad, el guaperas con aires chulescos se transforma, no sé si por gracia o desgracia, en un calvo barrigudo que quiso por encima el amor de su damisela a las noches de bailoteo con el “musicote” de Fabrik.
Y es así señores como lo que antes se consideraba una forma de vida, o en términos más amplios, un arte, se ha ido degradando con el paso del tiempo. Ha cambiado en varios aspectos: el primero, la forma de ver a la mujer. Aunque siempre se la haya considerado como un trofeo, ahora el trofeo no es en si la mujer sino el placer que ésta pueda llegar a facilitarte. Reconozcámoslo, antes también se follaba, pero al menos tenían la suficiente paciencia como para esperar a que ella se decidiera. El segundo, la forma del cortejo. Antes el beso de una mujer era un logro del que muchos hombres presumían, y entiendo que presumieran, ya que su tiempo les costaba adularlas con una ingente cantidad de halagos y piropos, tardes en el campo de picnic, y eternos paseos nocturnos a la luz de las farolas. Sin embargo, hoy en día únicamente basta con un par de magreos en la pista de baile, unas cuantas copas de mas, y un buen sitio en el que consumar (esta última condición no es indispensable para que el acto se lleve acabo, algunos se conforman con muy poco). Como tercera y última apreciación, recordar que en antaño, aunque el objetivo era el mismo, fornicar, el fin distaba bastante del actual. Y es que antes aunque follar follabas, lo hacías siempre con la primera y única, ya que aquella a la que dejaras prendada con tus viriles encantos, sería tu esposa, mujer y madre de tu extensa prole. Al contrario, hoy en día el fin, con suerte para algunos y desgracia para otros, coincide con el objetivo, y es que la gente la mete en cualquier agujero con tal de contárselo a los colegas.
Por eso, damas y caballeros, tengo la certeza de que por mucho “chulo playa” que se aparezca en nuestras vidas, las mujeres siempre elegirán con el corazón y no con los genitales. Puede que la medida no sea tan drástica y sólo los calzonazos consigan a las mujeres, sino que, tarde o temprano, a todos les tocará ser un poco calzonazos y dejar la chulería de lado. No se engañen, el amor es algo más que demostrar lo bueno que se es en la cama, o la cantidad de dientes que han roto sus puños, sino un sentimiento que aparece entre dos personas que al fin y al cabo solamente se necesitan la una a la otra y nada más.
sábado, 17 de julio de 2010
viernes, 9 de julio de 2010
PLURALIDAD DE PERSPECTIVAS
Como bien nos ha demostrado durante este curso cierta profesora, los puntos de vista son tantos que las cosas pueden variar de un extremo a otro según la lógica aplicada. Eso es lo que últimamente acontece en mi vida. La pluralidad de perspectivas me ha hecho ver que las cosas no son blancas o negras sino que hay una amplia gama de colores con la que denotar cada momento de la vida. Basta ya de tanta tontería y démonos un gustazo, que la vida son dos días y no me apetece seguir dando pena.
Tengo poco dinero, sí, como la mayoría de la gente, pero voy a invertirlo en ser feliz y serlo junto a las personas que quiero que sean felices conmigo.
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