Es duro afrontar que el final poco a poco se vaya acercando y más cuando llevas tantos años metido en esto. Siento que ya queda poco para que se me acabe el voley, pero jugar sin ilusión es defraudar a un deporte que me ha acompañado durante toda mi vida. Es una decisión difícil y la verdad que aún no está tomada, pero cada día queda menos tiempo y más razones para dejarlo que para quedarme.
Al voley le debo tantas cosas... Pero pienso que con el tiempo todas esas cosas que me hacían sonreír y sentirme feliz se han ido esfumando poco a poco. Toda esa gente que creía que la tendría para toda la vida me ha ido defraudando con el paso de los años, y lo peor es que, no sé si con razón o no, pero encima se fueron echándome a mí la culpa. Me duele, la verdad que sí, porque una vez mi padre me dijo que no cogiera tanta confianza, que me lo tomara sólo como un deporte y nada más y por desgracia no le hice caso. Ahora pago las consecuencias, aunque he de decir que por mucho que haya pasado, sigo creyendo que tomé las decisiones correctas.
Me duele ver como mi equipo senior se ha ido desmembrando poco a poco por decisiones a veces meditadas, otras simplemente alocadas. También me molesta que la gente nada más que haya visto lo negativo y se haya quedado con las cagadas que hemos hecho, ¿qué esperabais? Acabamos de subir del juvenil, no somos profesionales, jugamos para divertirnos y por supuesto que para ganar, pero sobre todo para disfrutar del deporte que nos gusta, no para tirarnos los trastos cada vez que no ponemos bien una bola o cada vez que fallamos un remate. La gente se fue, sin decir adiós y dejándonos, pronto y mal hablado, con el culo al aire.
Sólo me queda una cosa más por decir, y es que me llevo mucho aprendido, tanto dentro como fuera del campo, y si este es mi último año, que al menos me vaya con una sonrisa, que por esa razón empecé a jugar a este maravilloso deporte.
lunes, 28 de febrero de 2011
domingo, 13 de febrero de 2011
EN EL LIMBO
Siempre solemos movernos en una escala gradual que parte del bien como el estado de ánimo estándar y desde el cual nos movemos más o menos hacia los extremos: el muy bien y el mal. Sentimos la necesidad de calificar cualquier momento de nuestra vida con un rango perteneciente a dicha escala, y es obligatorio hacerlo porque estar fuera de esa escala equivale a no sentir, a no tener ningún tipo de reacción ante los estímulos.
Yo hoy me siento totalmente fuera, como si estuviera en un limbo de sentimientos. Ni siento ni padezco, me dejo arrastrar por los días sin un motivo claro y evidente para continuar. Avanzo por un sendero llano, sin baches ni surcos en el suelo, y que avanza recto hasta un infinito invisible.
Hoy me siento asentimental, sólo tengo ganas de dormir y amanecer en algún mundo diferente.
Yo hoy me siento totalmente fuera, como si estuviera en un limbo de sentimientos. Ni siento ni padezco, me dejo arrastrar por los días sin un motivo claro y evidente para continuar. Avanzo por un sendero llano, sin baches ni surcos en el suelo, y que avanza recto hasta un infinito invisible.
Hoy me siento asentimental, sólo tengo ganas de dormir y amanecer en algún mundo diferente.
jueves, 3 de febrero de 2011
SOL Y CÉSPED
Nunca he sido un chico malo. Nunca he cometido grandes travesuras ni he hecho locuras de esas que con el tiempo dices, ¡madre mía, menudo inconsciente era! Siempre he sido responsable, he acatado las normas, aunque también he sabido cómo y cuándo romperlas, pero siempre dentro del límite establecido.Uno a veces se cansa de ser formal, de ser siempre la persona que esperan que seas, no sé, estoy la verdad un poco harto de ser un niño bueno.
Aún con esta rabieta tremendista de querer cambiar lo que soy, sé perfectamente que no lo haré porque por muy malo que quiera ser, no me sale, y además lo detesto.
Pero bueno, hoy es uno de esos días en los que te apetece saltarte las clases, bajar al césped y tirarte a la bartola pasando de todo y creyendo que todavía queda mucho tiempo para que acabe la buena vida.
Sol y césped son algunas de las cosas que te hacen reflexionar un día de biblioteca.
Aún con esta rabieta tremendista de querer cambiar lo que soy, sé perfectamente que no lo haré porque por muy malo que quiera ser, no me sale, y además lo detesto.
Pero bueno, hoy es uno de esos días en los que te apetece saltarte las clases, bajar al césped y tirarte a la bartola pasando de todo y creyendo que todavía queda mucho tiempo para que acabe la buena vida.
Sol y césped son algunas de las cosas que te hacen reflexionar un día de biblioteca.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)