Ayer vine de un sitio del que renegaba, de una familia que no consideraba como mía. Me equivoqué y espero que me sepan perdonar. Tan sólo había que darles una oportunidad y dejar que su amabilidad, sencillez y gentileza salieran a relucir. Son humildes, y eso les hace ser muy especiales. Atentos, cercanos, familiares, son adjetivos que los califican.
A simple vista parecíamos venir de dos mundos diferentes, pero pronto descubrí que no nos diferenciábamos en tanto. Es cierto que Extremadura no es Madrid, pero tampoco Madrid es Extremadura.
Tengo muchas cosas que agradecerles, sobre todo ese calor humano que sólo la familia puede darte. Ha sido un viaje muy especial que espero repetir muy pronto. Sólo me queda decir muchísimas gracias por todo, primos.
lunes, 25 de abril de 2011
DECEPCIÓN
Nunca llegué a imaginar que de la boca de uno de mis mejores amigos saliera una frase como la que he escuchado hoy. Sinceramente los regalos que le hemos hecho sólo han sido una muestra de nuestro aprecio, y quizás no hemos acertado con ellos, pero han sido una forma más de demostrarle lo mucho que le apreciamos.
Me duele pensar que sólo ha mirado lo que le hemos regalado, y no la intención con la que lo hemos hecho. Me fastidia pensar que hemos estado pendientes de cada cosa que decía para intentar acercarnos lo más posible a aquello que le gusta. Pero sin duda lo que más me duele es que ponga por encima un puñado de euros a lo bien que se supone que lo hemos pasado en su pueblo.
Para mí, y pensaba que para todos, lo importante no es si te gastas un millón de euros o me haces un dibujo con macarrones y cola blanca, sino que por un sólo instante hayas agradecido nuestra compañía tanto como los demás agradecemos la tuya.
Estoy tremendamente decepcionado, y más cuando ha sido capaz de decirnos en nuestra cara que el regalo es una mierda y que ha puesto su casa para celebrar su cumpleaños. Yo pensaba que eso es lo que quería, pasar su cumpleaños junto con los suyos, y no unos míseros euros invertidos en cuatro chorradas que no se pueden comparar con una amistad forjada con los años.
Me duele pensar que sólo ha mirado lo que le hemos regalado, y no la intención con la que lo hemos hecho. Me fastidia pensar que hemos estado pendientes de cada cosa que decía para intentar acercarnos lo más posible a aquello que le gusta. Pero sin duda lo que más me duele es que ponga por encima un puñado de euros a lo bien que se supone que lo hemos pasado en su pueblo.
Para mí, y pensaba que para todos, lo importante no es si te gastas un millón de euros o me haces un dibujo con macarrones y cola blanca, sino que por un sólo instante hayas agradecido nuestra compañía tanto como los demás agradecemos la tuya.
Estoy tremendamente decepcionado, y más cuando ha sido capaz de decirnos en nuestra cara que el regalo es una mierda y que ha puesto su casa para celebrar su cumpleaños. Yo pensaba que eso es lo que quería, pasar su cumpleaños junto con los suyos, y no unos míseros euros invertidos en cuatro chorradas que no se pueden comparar con una amistad forjada con los años.
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