Es duro afrontar que el final poco a poco se vaya acercando y más cuando llevas tantos años metido en esto. Siento que ya queda poco para que se me acabe el voley, pero jugar sin ilusión es defraudar a un deporte que me ha acompañado durante toda mi vida. Es una decisión difícil y la verdad que aún no está tomada, pero cada día queda menos tiempo y más razones para dejarlo que para quedarme.
Al voley le debo tantas cosas... Pero pienso que con el tiempo todas esas cosas que me hacían sonreír y sentirme feliz se han ido esfumando poco a poco. Toda esa gente que creía que la tendría para toda la vida me ha ido defraudando con el paso de los años, y lo peor es que, no sé si con razón o no, pero encima se fueron echándome a mí la culpa. Me duele, la verdad que sí, porque una vez mi padre me dijo que no cogiera tanta confianza, que me lo tomara sólo como un deporte y nada más y por desgracia no le hice caso. Ahora pago las consecuencias, aunque he de decir que por mucho que haya pasado, sigo creyendo que tomé las decisiones correctas.
Me duele ver como mi equipo senior se ha ido desmembrando poco a poco por decisiones a veces meditadas, otras simplemente alocadas. También me molesta que la gente nada más que haya visto lo negativo y se haya quedado con las cagadas que hemos hecho, ¿qué esperabais? Acabamos de subir del juvenil, no somos profesionales, jugamos para divertirnos y por supuesto que para ganar, pero sobre todo para disfrutar del deporte que nos gusta, no para tirarnos los trastos cada vez que no ponemos bien una bola o cada vez que fallamos un remate. La gente se fue, sin decir adiós y dejándonos, pronto y mal hablado, con el culo al aire.
Sólo me queda una cosa más por decir, y es que me llevo mucho aprendido, tanto dentro como fuera del campo, y si este es mi último año, que al menos me vaya con una sonrisa, que por esa razón empecé a jugar a este maravilloso deporte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario