Todo comenzó aquel fin de semana cuando subimos a la montaña a hacer senderismo. Nuestro único equipaje: una tienda de campaña y una botella de orujo. Al inicio del camino, un cartel de considerables medidas anunciaba la repoblación de osos pardos en la montaña. Aún así seguimos hacia delante. Al cabo de unas dos o tres horas empezó a nevar con bastante fuerza, por lo que mis dos compañeros y yo decidimos montar la tienda bajo unos árboles que parecían poder refugiarnos de la ventisca. Una vez resguardados, el frío seguía siendo igual de intenso. Para entrar en calor, hicimos uso de esa botella de orujo que me había regalado un antiguo amigo de Santiago. Entre trago y trago, recordamos el cartel que vimos al comienzo de nuestro viaje, y bromeábamos con la idea de que un oso nos atacara. La broma siguió viva; incluso fingíamos quien sería el que se enfrentaría al oso en caso de que éste nos sorprendiera, hasta que vimos como unos arbustos se agitaban con fuerza como si cuatro hombres empujaran con fuerza. La ventisca seguía siendo intensa por lo que nos costó distinguir de que se trataba. No fue hasta que lo tuvimos a unos pocos metros de distancia, cuando nos dimos cuenta que lo que realmente agitaba los arbustos no eran cuatro fornidos hombres, sino un oso pardo grandísimo. Poco a poco se iba acercando pero nuestros cuerpos eran incapaces de arrancar y salir corriendo, estábamos literalmente paralizados. Fue entonces cuando por detrás de nosotros oímos chillar a alguien. El oso, a falta de sentir miedo, salió huyendo despavorido. La parálisis, que ahora sujetaba más fuerte que nunca, nos impedía movernos y poco a poco fuimos girando la cabeza. Ahí estaba. Un homínido de color verde y pintas rojas con un parecido bastante grande con el caballo nos miraba fijamente. Fue ese día cuando conocí al Hoskytrosky.
Decidí después de lo vivido llevarle conmigo a mi nuevo destino, la Universidad Rey Juan Carlos. Allí podría vivir junto los demás especímenes de la universidad y dormir en las madrigueras de las liebres. Fue entonces cuando un día, mientras daba clase a los alumnos de Teorías de la Comunicación de 1º. , el Hoskytrosky vino a visitarme. La reacción de los alumnos fue muy diferente. Unos se alejaron corriendo hacia la pared, mientras, otros corrían para saltar desde las ventanas. Uno de ellos, el machote de la clase, tan bruto como siempre, acercó su brazo para golpear al Hoskytrosky, cuando esté le arrancó el brazo de un mordisco.
Meses y meses de papeleo me llevó solucionar todo este lío. El Decano de la universidad no me permitió volver a traer a clase al Hoskytroski, de hecho, intentó echarle del campus, pero el animal, tan tímido como siempre, ya se había escondido en su madriguera dónde nadie podía encontrarle. Se dice que aún sigue el Hoskytrosky saliendo de vez en cuando de su madriguera algunos viernes por la noche mientras los alumnos hacen botellón.
Esta es la verdadera historia del Hoskytroski...
By Xosé, eso sí, no con la misma gracia.
Pd: Xosé si lees esto, quede claro que esto es todo lo que mi cabeza dio de sí mientras hablabas del Hoskytrosky, los derechos de autor son tuyos jajaja.
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muchas gracias tío, me la perdí y tenía curiosidad
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