La realidad es tan volátil como la memoria RAM de un ordenador. Convenceos, no como yo, de que las cosas no son como son y que la realidad no existe. Dejad atrás y no caigáis como hago yo en viejos convencionalismo sobre lo estable, sobre la verdad absoluta y dadle la bienvenida a un mundo voluble sin nada sólido a lo que aferrarse.
Cada día me convenzo más de que mi charla casi habitual con desconocidos se convierte en un beneficio intelectual constante. Aunque de límites fijos, no suelo cambiar mi opinión, pero sí considerar que tengan cabida otra serie de variables que yo no manejaba y que son muy válidas también para describir aquello a lo que solemos llamar realidad.
La gente ha desechado viejos e inservibles significantes y significados. Ha roto los moldes de una cultura tradicionalista y ha creado una nueva forma de señalar aquellas partes de lo que solemos llamar realidad. Ha concebido un significante y significado más amplios, sin límites, que no caen en viejos estereotipos y que abarcan más de lo que podemos imaginar.
Ya nada es lo que solía ser, aunque nostálgicos como yo piensen que todavía puede ser lo que antes era.
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